lunes, 18 de febrero de 2019

sedes


El espejo que no he mirado, esta mañana me devuelve un ser que busca sus verdades. Esta imagen revelada vaga a cielo abierto como ángel desvelado que no encuentra reposo. ¿Quién dicen que soy? Yo solo veo soledades, deseos duros en mis sueños, rostros perdidos en el tiempo que se pasean en mi jardín pisoteado. Sé que no es la imagen del sol la que devuelve esta mañana el espejo de mis manos, sé también que las juventudes con sus perversas virtudes poco a poco me abandonan y se llevan las pizcas de amor que en sus oportunidades me darían. 
Mis manos acarician los hombros desnudos de las miradas sensibles y amables de muchas que quieren ser solo un amor que dure lo que queda del camino. Me envuelven las piernas de esa que encarna a todas las piedades que creo merecer y que no llegan jamás, pero ahí están decomisadas en el puerto de su piel, sin salir, atrapadas en el deseo apurado de beber de sus pechos, sin cruzar los estereotipos logrados en su mente, el maldito pensamiento construido de que todas y todos son iguales, queriendo lo mismo en cada instante, unos seguridad y otros placeres y termina siendo al revés, pero la vida pide a gritos de los dos para los dos.
Así, tan cruel, cuando lavo mi rostro, el agua fría que descansa levemente en mi semblante me devuelve la forma de mi angustia y mis dolores de abandono, de los besos que no he dado y de los brazos que no abrazan. Hoy no estoy esplendido, hoy no estoy humano, hoy no estoy…

Paul Gasê

jueves, 10 de enero de 2019

conjugando lo simple

   De mis sueños y los tuyos vive la fe, aquella que se inflama en esperanzas. Esperanzas de poder sentir amor aún sin ser amor, aún sin percibir que así lo sea. 
    Eso de luchar contra el dolor sin ser herida, de pensar sin conocer, de volar solo porque hay cielos que surcar; pretender entender que no hay mucho que entender, que solo es lo que es y que no hay más ni lo habrá por ser otro que no somos, eso apaga el fuego que nos quema de pasiones y seca los estanques de las aguas de nuestra sed. 
    El vínculo hacendoso, el que perdura, se hace vivo cada vez cuando vamos hacia lo que solo hace bien, esquivando los obstáculos que distraen de lo que importa. Hay quien piense que estrellando esas piedras las sacamos del camino, del nuestro, pero solo es buscar ir tozudamente contra la mole que molesta a lo que somos, aquello que es parte de los otros por naturaleza y no tenemos permitido cambiar para nuestro propio goce y parecer.
    Yo no parezco lo que soy, soy eso nada más, lo que ves. Quién prefiera mi oración, que me surge desde el alma, así como es sin buscar perfeccionarla o bifurcarla, les cedo mis verbos más preciados para conjugar las palabras verdaderas, las más puras que surjan de su alma. Amar, reír, llorar, perdonar, volver, aceptar, dormir, despertar, volver a reír, volver a amar. 

Paul Gasê