martes, 27 de noviembre de 2018

complot



Que emerja, que salga todo afuera:
bestias agridulces desplomadas, 
letras de finales breves escondidos.

La conducta y la quimera mutuamente se protegen,
contubernio errante dirigido a la razón,
mi razón.
Senos redondos, tórridos, desnudos,
que me alejan, me sostienen y me enferman.

Recibí la moneda de perfiles semejantes:
este y aquel, con valores disimiles,
con estrategias copiadas, con saña,
venéreas.

Dónde esa luz es existe duda y sangre;
rodeada de viejas y nuevas noches
tutela mi ego con los ojos más notorios,
de agua y sal vestidos, fáciles y volubles
embisten como faros, miran fijos, obscenos
y no es a mí.

                                                      Paul Gasê





jueves, 18 de octubre de 2018

Bajo el falso cristal en una hilera de personas.







La otra noche tibia te escuché tranquilo bajo aquella luna débil y falaz. Se escapaba fútil sobre mi horizonte, mientras, con ternura  tus ventanas blancas me aclararon todo y un poco menos.  ¨ ¡Exacto! ¨, me dijiste vos, ¨fue esa ida y vuelta¨, una frase que te determina y que me deja pistas para interpretar. Voy notando así, lento pero lacónico, lo que te interesa y también el abrigo que le das paciente a tu corazón para  no arrastrarte a algún desengaño supongo, o distanciando pasiones suponés, cortando las palabras que enredan tu alma a las letras de mis baladas.

Aún lejos y entiendo bien no arribar aún, si no me has entregado el pasaje de ida plena a tus pasiones ni puertas abiertas por donde pasar para cerrar el círculo y emprender la vuelta. Son solo ventanas, las que abriste un rato, aunque muy claras, me están tensionando, me tientan de a poco a dar ese salto para cruzar. Aterrorizado, paralizado estoy. No me consta que hay tras esa inmensa lumbrera que emitís desde tu interior. Tal vez solo sea un reflejo ampliado que se da en mi mente del deseo saturado de quemarme en tu sol o tomo ese brillo que te surge limpio y lo ensucio un poco con mi peregrinaje.

Ocurre creo, que no me animo a declarar las intenciones subjetivas  de mi alma, las de la parte más pura y más ególatra, la que es todo fuego. Y es que quiero tus virtudes, que las mías son pocas y de no andar mostrando mucho a la luz del día. Pero eso ya lo sabés, te lo deje posando en la imagen acústica que intenta madurar tu entendimiento, muchas veces. Tal vez busco hinchar tu gluten con mis levaduras y lograr el maná que nutra el cielo o encender la chispa que enciendan las brazas que sirvan de senda hacia el propio infierno.

Me rio mientras leo lo que escribo, porque pienso en toda esa furia sensual que me provoca hacerlo, queriendo así, sin esperas provocarte. Seguramente mi verba termine apoyada en tu mesa de luz en un angosto encuadernado barato o como tierna reminiscencia en tu mente cual peluche en el respaldo de tu cama. Mientras escribo también lloro, porque entiendo mis falencias y mis dones anhelados que serán jamás regalo a mis virtudes; las tales atraerían tu atención, tu admiración, tu interés hacia mis ojos primero para luego devorarme de un bocado.

Si me ves oscuro, porque vos sos clara o mi brillo tenue ensombrece tu luz, mantené el alma donde la guardás, pues es sabio el cierre de tu corazón y eficaz la capa que cubre saliente las desnudeces que no son afines a mi obediencia. Por si el contrario creés que soy de lo alto y tus pies son barro, agua y distracción a mis sueños; no dejés que engañe tu vista las formas porque lo cierto es que sos más alta que yo. Pero rendíte, te lo imploro, porque no me animo a mostrar lo que soy, lo que tengo, lo capaz que soy de transformar tus horas, aquellas que dejés que tome el timón; que no son momentos de dejarte aislada sino de acompañarte en tu procesión, codo a codo como van hermanos, dos bueyes cansados bajo el rojo sol de la dura labranza.

Con esa luna falsa como mi testigo, fue esa buena noche de cercana charla, aunque yo en mi patio y vos en tu habitación, que mostraste algo de lo que cargás y no te ofendió mi galantería ni mi elocución, cuando te explicaba que me siento libre y que descanso escuchando el tono de tu fértil voz y todo aquello que ya estás sabiendo: sobre tus ojos, sobre tus manos, sobre tu piel;  ahí donde quisiera estar, ese último lugar que jamás he visto y que es solo tuyo y de nadie más.

Me parezco al can que da vueltas y vueltas antes de acostarse a dormir su sueño. Decíme  que ya sabés, que te diste cuenta lo que estoy diciendo con tantos verbos y sus conjugaciones, con tantos ejemplos y alegorías de lo que  siento; de lo que sentirías si yo te dijera o vos lo supieras. Ante esta cobardía mía que no deja salir de mi lengua todo lo que escribo te pido encarecidamente que ya te des cuenta, que lo descubras pronto; porque no sobrellevo tener que ocultarte cuanto me gustas.

Y a mí, a mí me gustas tanto.



Paul Gasê

martes, 21 de agosto de 2018

Rocas Vivas



Miraba la piedra la brisa a la flor besar. Solo el musgo húmedo la acaricia, este no la oscila en el éxtasis como a aquella que se agita placentera. El mar con artificio la besa y la orada, la carcome hasta la arena. No es el mismo amor y aún así lo espera, como fresa la cercena. Agonía colosal. 

Escapando a las cumbres, junto a las nubes subió y no atinó, no había besos allí, no había céfiros ni cortejos. Eolo la castiga menguándola mansamente. Eternamente envejecida, como viva pero muerta, mira y no ve, dice y no habla. Su llanto es de colores pintado por el tiempo. Perforada por lágrimas de mil veranos, sofocada por albas mantas ya no ha de volver a la playa. ¨Si pudiera ser la arena que el recio mar se lleva viviría¨ suspiró. Tal vez solo ardería como brasa  con el sol en el cenit y se ahogaría cada noche sin morir.
La flor se marchitó, aún el hálito fue cruel igual, profanó su frágil pedestal y se marchó. Entonces, parado firme en el cantillo todo contemple, vi a un calmado mar, sentí el viento en la piel y bebí del cielo azul. Al fin, con la arena viva en los pies caminé en el nadir detrás de la pasión hasta posarme en mi sol hasta quemarnos de amor. 
                                                                                                                                                            Paul Gasê


lunes, 6 de agosto de 2018

fe




La cuestión no era que vinieras o que haya corrido a buscarte. lo importante es que me creas.
¿Qué importaba si estoy loco o mal herido si mi beso te hizo mella?
La belleza no es la mía ni la tuya. lo que vale es que creyéramos encontrarnos justo ahí, en el punto donde nos dejamos ver desnudos aún vestidos.
Nunca fue protagonista la sangre de tu herida o de la mía que aún palpite, la de amores pasados o de locuras ajenas o de errores de lo dicho por abrir el corazón de par en par. Lo importante es saber que aún estamos y de pie y absortos, atraídos y creyendo.
No alcanza estar parados frente a frente sin creernos porque es allí donde caemos, donde la fe se hace añicos, donde creer en uno mismo solamente nos hace más egoístas que antes.
La cuestión no era desvestirme o poder manipularme, lo importante era que te crea.

                                           Fragmento de ¨Je Suis Désolé¨ -  Carta a mi conciencia, de Paul Gasê





último asalto




Una vez más, dolido y golpeado el púgil durmió rendido recordando. Era el segundo round. El primero me fue favorable legítimamente. No hubo golpes bajos ni creía que ganaría por knock-out, siempre apunte a la destreza para mejorar la puntuación de mi rival. Promediando el asalto baje la guardia y sentí en la mandíbula el golpe certero. No fue violento, fue exacto y fue mi propio descuido más letal que la derecha de mi oponente. Caí  a la lona, desconcertado, vulnerable; la cuenta llegaba a su fin cuando la campana salvó mi pellejo. El siguiente asalto, lo manejó el rival, magistralmente, siempre tuvo el control y brindó la posibilidad de que recompusiera mi parada y mi estrategia, pero siempre tuvo el control. Los siguientes periodos de lucha, fueron desiguales, a tal punto que jugó conmigo como gato saciado con el pobre ratón herido.
Intenté remontar el beso a la lona e intentar besar la corona. En eso el tiempo se congeló y algunas glorias se pasearon a mí alrededor. Caído en una batalla, mas sin dejar el alma no me sacaran del cuadrilátero. De pié resistiré y daré pelea. Solo déjame pelear por ese título sin forzarme estrategias ajenas. He de ganar por mi mismo o perder con honor. He de morir con la mía, la de siempre.

                                           Fragmento de ¨Je Suis Désolé¨ - Carta a mi conciencia, de Paul Gasê

jueves, 2 de agosto de 2018

tam procul

           


            
Confieso que he amado, que he odiado, que he transgredido límites. También me esforzado y me he tirado al abandono, he redoblado la lucha y he  muerto varias veces. Me he sentido un superhéroe y otras he sido un fantasma, he actuado como payaso y me han tomado como tal. Pero que mis apariencias no te engañen. Soy mucho más de lo que podes ver y bastante menos de lo que algunos piensan o expresan.
Lo cierto es que un día tuve que reinventarme, que descubrir quién era en realidad y el resultado de la experiencia me completó de tal manera que me puse de pie una vez más y miro hacia adelante con perspectiva de dejar huellas y trascender mi pensamiento, mis ideas y mi forma de ser y se vivir. Creo en mí sobre todas las cosas, creo en quien digno y creo en un Dios que es más grande que todas las religiones juntas, sus dogmas y sus ritos. Amo a mi descendencia y los defiendo con uñas y dientes. Me puede la música y la poesía, los ojos y los pechos de una mujer; soy poesía, soy canción. Vibro cuando amo, cuando gozo, me entrego entero al amor y a lo que me apasione. No me importa el que dirán en lo más mínimo.
Uso el pelo largo porque así me siento cómodo, toco más o menos la guitarra y cocino lo que sea. Soy omnívoro, me gusta mojarme cuando llueve un poco y me encierro cuando hay tormenta. Trabajo para vivir y vivo para amar. Como todos, busco estar en armonía, ser feliz, ser verdadero. Soy yo, así, tal cual.

Fragmento de ¨Je Suis Désolé¨ - Carta a mi conciencia, de Paul Gasê. 

domingo, 29 de julio de 2018

recorrido


Me perdí en la primera curva, ahí nomás, en una de las rectas, a la subida. Tomé a la derecha bordeando la loma para no volcar (creía que la falta de costumbre y la tensión contenida por el viaje me haría derrapar) y continué el ascenso. Al encontrarme encerrado, esquivé un badén inmenso para no caer en un cauce profundo. Despacito y en segunda, como analizando el camino me aventuré; con los sentidos a flor de piel y la vista atenta decidí cruzar la siguiente loma, perfectamente igual a la primera, pronunciadas y lisas. Continué la marcha, tome por el bajo nivel y cruce por un pequeño túnel, húmedo y resbaladizo sin duda. Apenas cabía yo, quizás uno más. Lo cruce al paso. Era peligroso estacionarse ahí y pero seguí adelante y en subida plena a pesar de ser un punto sensible del camino, neurálgico.
El paisaje se amplió un poco, el panorama parecía más claro. Pasé por un trigal soleado, finamente cosechado y luego hice un buen trecho por unos prados levemente ondulados. Adelante el camino se hundía en un valle soberbio entre dos colinas de laderas limpias, pero de las más agradables y fértiles que pueda haber disfrutado. Me detuve allí y escalé una de ellas y jugando un poco en la cima (entre aparentes, apenas perceptibles y vertiginosos temblores) observe todo el paisaje y miré hacia abajo reparando en todo lo que ya había recorrido . Tratando de no demorarme ascendí también a la otra colina para ver si la sensación allí era igual que en la primera y descendí rápidamente para continuar mi periplo. La tarde comenzaba a caer y la temperatura aumentaba a medida que ascendía.
Extrañamente y casi por instinto, al final, no estaba tan perdido. Obligado por las circunstancias me las ingenié y con creatividad y estimulo igual llegué y me metí en tu cabeza, donde quiero ir siempre, para estar allí, para que me pienses, para que me llames cuando estés queriendo que te recorra con mis palabras.

Paul Gasê